Vinos para cada mood de enero: reconfortante, social, íntimo o solo en casa
- Julián Acebes
- hace 5 días
- 2 Min. de lectura

Enero entra en casa despacio, con el abrigo aún puesto y esa sensación de que el año empieza de verdad ahora. No es un mes de fuegos artificiales, sino de luz cálida a media tarde, de volver a cocinar y de agendas más realistas. El frío aprieta, pero también ordena.
Aquí no hablamos de penitencia ni de reset absoluto. Enero es reajuste: menos ruido, más intención. El vino no viene a corregir nada, viene a acompañar ese cambio de ritmo, a hacer más amables los silencios y más largas las sobremesas pequeñas.
Pensar el vino por estados de ánimo es una forma honesta de elegir. Hay días de cuchara y sofá, otros de risas compartidas; noches de conversación lenta y momentos de autocuidado sin testigos. No hace falta saber mucho, solo abrir la botella que encaje con la escena.
Mood reconfortante. Fuera llueve y dentro huele a guiso. Aquí mandan los vinos que abrigan, los que envuelven sin pesar: tintos de cuerpo medio y tanino amable —Garnacha de zonas frescas o Mencía— y blancos con lías, tipo Godello, que aportan textura y calma. Funcionan porque tienen volumen y acidez justa, capaces de acompañar una cuchara tras otra. Maridaje sencillo: lentejas vegetales, setas salteadas, queso curado. Servicio: 15–16 °C y copa grande; si se calienta, diez minutos al balcón y asunto resuelto.
Mood social. Mesa compartida, platos al centro y cero ganas de complicarse. Los vinos fluidos son los reyes de enero en compañía: espumosos brut nature que animan sin alborotar, blancos frescos y tensos o rosados gastronómicos que entran solos. Son vinos que no monopolizan la conversación, con acidez limpia y alcohol contenido. Maridaje: tortilla jugosa, conservas, embutidos finos. Servicio: burbuja bien fría, blancos a unos 9 °C y copas sin ceremonias.
Mood íntimo. Dos copas, luz baja y palabras que no corren. Mejor vinos con susurro, tintos ligeros o blancos con crianza sutil que aporten caricia más que impacto. Buscamos equilibrio, no fuegos artificiales, finales largos y elegantes que acompañen la conversación. Maridaje: pescado al horno, verduras asadas, un plato de pasta sencilla. Servicio: algo más fresco de lo habitual y copa amplia, pero sin exagerar.
Mood solo en casa. Autocuidado sin testigos y una película esperando. Aquí vale el capricho medido, vinos con personalidad que invitan a beber despacio: un generoso seco para frutos secos y silencio, un vino naranja delicado o incluso un toque de dulzor bien equilibrado si hay chocolate negro de por medio. No es cantidad, es intención. Servicio: 10–12 °C y copa pequeña que invite a sorbos conscientes.
Regla simple para enero: si buscas abrigo, elige estructura y textura; para charla, acidez y burbuja; para intimidad, equilibrio y sutileza; para mimos, complejidad o dulzor controlado. Mini-checklist de compra: un vino con acidez viva, uno con textura para la cuchara y un comodín alegre. Enero, con la copa adecuada, se lleva mucho mejor.





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