El vino que nadie trae a una cena, pero todo el mundo se bebe si aparece
- Julián Acebes
- hace 3 días
- 2 Min. de lectura

Cena entre amigos. Cada cual llega con su Rioja o Ribera “de confianza”, esa botella correcta que nunca ofende y rara vez emociona. Se descorchan, se sirven, se habla del tráfico y del trabajo. Todo fluye. Todo es previsible.
Y entonces alguien deja en la mesa una botella distinta. No pesa, no impone, no tiene nombre de santo ni tipografía solemne. Hay una pausa mínima, ese segundo de duda antes del primer sorbo. Y ocurre lo de siempre: la copa se vacía demasiado rápido.
Son vinos que nadie suele traer por inseguridad, por costumbre o por miedo a salirse del carril. Pero en una mesa real son dinamita gastronómica: frescos, versátiles, sin exigir atención plena. No presumen. Funcionan. Y por eso desaparecen.
El primero de estos tapados es el Fino o la Manzanilla. En nariz aparece la almendra cruda, el pan, la salinidad. En boca es seco, afilado, eléctrico, con una acidez que despierta el apetito y pone orden en la mesa. No hay dulzor ni pesadez. Por eso arrasa en cenas: limpia, refresca y hace mejor cualquier plato. Jamón, aceitunas, conservas, tortilla, quesos curados o una pizza blanca improvisada. Ejemplos de bodegas archiconocidas y fáciles de encontrar: Tío Pepe (González Byass), Manzanilla de Bodegas Hidalgo La Gitana o Fino Quinta de Osborne. Vinos que no se explican: se beben.
El segundo comodín social es el espumoso brut nature español. Burbuja fina, fruta blanca, recuerdos de panadería y final seco que pide otro trago. Aquí no hay azúcar que empalague ni solemnidad de brindis eterno. Es el vino más diplomático de la mesa: va con casi todo y no molesta a nadie. Patatas fritas, marisco, pollo asado, pasta, quesos suaves, comida asiática poco picante. Ejemplos reconocibles para cualquier mesa: III Lustros de Gramona o los Codorníu Ars Collecta Brut Nature. Abres uno y, sin darte cuenta, la conversación sube medio tono.
El tercer as bajo la manga es el tinto. Fruta roja, un punto floral, tanino amable y acidez viva. Poca madera o ninguna, cero pesadez. Se bebe sin cansar y acompaña sin imponerse. Por eso vuela cuando hay mesa variada. Funciona con pizzas, pastas con tomate, pollo, embutidos, quesos semicurados y verduras asadas. Garnachas y Mencías jóvenes juegan aquí en primera división del placer. Ejemplos de casas conocidas: Tres Picos de Borsao Selección Garnacha o Viña Zorzal Garnacha.
Para llevarlos sin que te miren raro, tres frases infalibles de anfitrión inteligente:
"Es muy fresco y fácil, probamos una copa y vemos"
"Va genial con todo lo que hay en la mesa"
"Si no os gusta, abrimos otro… pero suele volar"
Moraleja: el mejor vino de una cena no es el más famoso, ni el que impone respeto en la estantería. Es el que hace que todos repitan sin darse cuenta y pregunten quién lo trajo cuando ya no queda ni una gota.





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