Qué cocinar el 1 de enero con las sobras del 31 (y que parezca pensado)
- Roberto Buscapé
- 26 dic 2025
- 3 Min. de lectura

El 1 de enero amanece raro. La casa está en silencio, la cafetera suena como si también tuviera resaca y la cocina parece el backstage de un concierto: botellas vacías, una tabla con migas de panettone y una nevera tan llena que cuesta cerrarla. No hay ganas de cocinar “de verdad”, pero sí hambre. Hambre del bueno. De algo caliente, sabroso y que no huela a improvisación.
Aquí entra en juego la resaca logística. No es solo cansancio: es tener mucho de todo y energía limitada. Restos magníficos, además. Marisco cocido que sigue dulce, carnes asadas que ayer fueron gloria, caldos intensos, quesos abiertos en su punto exacto. Tirar eso sería un crimen gastronómico. Pero repetirlo tal cual, también.
La buena noticia: el aprovechamiento bien entendido es lujo inteligente. Es saber leer la nevera y convertir lo que sobra en platos con intención, con contraste y con un pequeño gesto de chef que haga pensar: “esto estaba planeado”. Sin recetas kilométricas, sin ensuciar media cocina y con máximo un fuego.
Arroz meloso de carne asada, el plato abrazo por excelencia. Aquí entran restos de cordero, cochinillo o pavo, ese caldo potente que quedó en una olla y arroz como ingrediente puente. Se sofríe mínimamente (o ni eso), se añade el arroz, se moja con caldo caliente y, a mitad de cocción, se incorpora la carne desmenuzada. Se remueve lo justo hasta lograr esa textura untuosa que reconcilia con el año nuevo. Detalle chef: ralladura de limón y un hilo de aceite bueno al final para levantar el conjunto.
Ensalada templada de marisco y cítricos, perfecta para despejar la cabeza. Aprovecha marisco cocido, hojas verdes cansadas y las despierta con cítricos y mostaza. El marisco pasa un minuto por la sartén para templarse, se mezcla con una vinagreta intensa de naranja o limón, mostaza y aceite, y se une a la ensalada. Detalle chef: cebolla en encurtido rápido (sal y limón, diez minutos). Crujiente, fresca, con chispa.
Frittata “limpieza elegante de nevera”. Aquí caben verduras asadas, quesos abiertos, embutidos y el gran comodín: el huevo. Se saltean las verduras, se añaden los huevos batidos, se reparten los extras y se deja cuajar tapado, sin horno y sin prisas. Detalle chef: pimienta recién molida o hierbas frescas para que huela a cocina viva.
Sándwich caliente de carnes y queso fundente, porque el 1 de enero también merece capricho. Pan, carnes frías, queso y un ingrediente puente que marque la diferencia: pepinillos o mostaza. Todo bien caliente, prensado, con mantequilla por fuera para lograr ese crujiente dorado que hace silencio en la mesa.
Pasta con salsa rescatada y migas crujientes, un plato que parece decidido. Se reutilizan salsas o fondos, se alargan con un poco de caldo y se mezclan con pasta recién cocida. Por encima, pan duro convertido en migas doradas con ajo y perejil. Detalle chef: el contraste de texturas lo hace todo.
Crema de verduras asadas con nube de yogur. Las verduras del horno se trituran con caldo caliente hasta quedar sedosas. El yogur natural aporta frescor y convierte la sopa en algo pensado. Detalle chef: frutos secos picados y aceite aromático.
Y para rematar, tres reglas de oro: contraste (crujiente vs. untuoso), temperatura (templar lo frío cambia el plato) y toque ácido final.
Mini-checklist: un ingrediente puente, un gesto final, 30 minutos. Si cumple eso, no son sobras. Es plan.





.jpg)






Comentarios