Martín Códax: la voz más fiel del Atlántico
- Julián Acebes
- 9 dic 2025
- 4 Min. de lectura

Hay bodegas que no solo hacen vino, sino que construyen memoria. Que convierten un territorio en una emoción, una cultura en un aroma y un paisaje en un relato que viaja de mesa en mesa. Entre esas bodegas esenciales está Martín Códax, un nombre que hoy forma parte de nuestro Calendario de Adviento, esa colección con la que reunimos proyectos capaces de representar lo mejor de la gastronomía española. Su incorporación no responde a la tendencia ni al azar: responde al peso de una historia que ha sabido elevar la esencia del Atlántico a una dimensión universal.
Para entender el significado de Martín Códax hay que regresar al Val do Salnés, un territorio donde la ría, el granito y la bruma atlántica se entrelazan con la vida cotidiana. Allí, en 1985, un grupo de familias viticultoras decidió unir esfuerzos para preservar su tradición, dar valor a su trabajo y llevar su Albariño más allá del propio valle. Lo hicieron tomando el nombre del trovador medieval galaico-portugués más célebre, un poeta que cantó al amor y al mar y cuyas cantigas siguen siendo uno de los tesoros literarios más antiguos de la lengua galaico-portuguesa.
Desde entonces, la bodega ha crecido hasta convertirse en una de las grandes embajadoras de Galicia, con presencia en más de 60 países. Hoy, continúa siendo un proyecto profundamente colaborativo, en el que más de 600 familias del Val do Salnés participan y mantienen vivo el espíritu original a través de un trabajo basado en la cooperación, el compromiso y el respeto por el territorio.
La personalidad de los vinos de Martín Códax nace directamente de su tierra. El Val do Salnés, en plena D.O. Rías Baixas, es un paisaje de viñedos cercanos al mar, suelos arenosos y graníticos, y un clima atlántico que imprime carácter. La altitud rara vez supera los 300 metros y la influencia marina se percibe tanto en la salinidad del terreno como en la frescura que mantiene la uva durante su maduración.
Aquí reina la uva Albariño, una variedad dulce, glicérica y de gran acidez natural, cuyos racimos pequeños y maduración temprana la convierten en una joya de la viticultura gallega. Su cultivo en emparrado —técnica tradicional para protegerla de la humedad y optimizar la exposición solar— habla de la relación íntima entre este territorio y la vid, donde el Albariño es el alma de la región y el hilo conductor del proyecto Martín Códax.
La vendimia se realiza siempre a mano, a mediados de septiembre, en pequeñas cajas que permiten que la uva llegue en perfecto estado a bodega. Allí comienza un proceso cuidado al detalle, donde cada decisión busca preservar la autenticidad y la frescura del Albariño. Esa vocación por proteger el carácter del fruto convive con una mirada profundamente innovadora: la bodega investiga nuevas prácticas en viñedo y en elaboración para seguir elevando la calidad, comprender mejor la variedad y reducir su impacto en el entorno. Todo este trabajo está guiado por la experiencia y la sensibilidad de directora de enología, Katia Álvarez, que desde 2005 lidera la producción interpretando con precisión técnica y respeto un territorio de enorme personalidad
El porfolio de la bodega muestra la versatilidad del Albariño a través de vinos que interpretan el territorio desde perspectivas complementarias. La referencia principal es Martín Códax, un blanco fresco, equilibrado y envolvente, que combina notas cítricas maduras con flores blancas y un fondo herbáceo, y que funciona como una verdadera carta de presentación del Val do Salnés.
Muy diferente es Martín Códax Lías, un albariño profundo y sedoso que nace de una crianza prolongada sobre lías finas. Se trata de un vino complejo, aclamado por la crítica, con aromas lácticos, de panadería y fruta fresca, que demuestra cómo la variedad puede adquirir volumen y elegancia sin perder frescura.
Desde una perspectiva marcada por el mar aparece Martín Códax Arousa, un vino que procede de parcelas acariciadas por la ría, con un perfil salino, yodado y balsámico que recuerda a las plantas del litoral. Su persistencia y su carácter atlántico lo convierten en uno de los vinos más singulares de la bodega.
En un registro más mineral, Martín Códax Finca Xieles rinde homenaje a un viñedo centenario plantado a finales del siglo XIX en parcelas con fuerte desnivel. Allí nacen uvas que fermentan en huevos de hormigón, dando como resultado un vino expresivo, largo, con matices cítricos, flores blancas y hierbas aromáticas.
La interpretación más exclusiva surge en Martín Códax Vindel, elaborado a partir de uvas rosas de Albariño de muy bajo rendimiento. Es un vino glicérico, sedoso y de enorme complejidad aromática, con notas de fruta madura, membrillo, especias y un final que recuerda al chocolate blanco.
La cara más sofisticada y singular del Albariño se encuentra en Martín Códax Gallaecia, elaborado con uvas sobremaduras y botritis noble. Es un vino envolvente, con recuerdos de miel, orejones, higos y naranja amarga, que muestra la capacidad de la variedad para explorar territorios sensoriales sorprendentes.
Finalmente, Martín Códax Espumoso aporta frescura y elegancia con un método tradicional de segunda fermentación en botella y una crianza de 30 meses sobre lías. Su burbuja fina, sus notas cítricas y su equilibrio lo convierten en un espumoso singular dentro del panorama gallego.
La relación de Martín Códax con Galicia va más allá del vino. La bodega ha impulsado y apoyado iniciativas artísticas, musicales y culturales que han llevado la identidad gallega a escenarios internacionales. Su compromiso con la sostenibilidad es igualmente firme, desde la reducción de la huella de carbono hasta la investigación para combatir los efectos del cambio climático. Todo ello, sostenido por un modelo cooperativo que da continuidad al vínculo entre la bodega, su gente y su tierra.
Hoy, cuarenta años después de su fundación, Martín Códax continúa siendo un referente de autenticidad. Cada botella ofrece una lectura sensorial del Atlántico y del Val do Salnés, un territorio que la bodega ha sabido interpretar con respeto y maestría. Sin duda, su presencia en nuestro Calendario de Adviento es un recordatorio de que los grandes vinos nacen de lugares que hablan, de personas que escuchan y de historias que merece la pena compartir.
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