Checklist para volver a la cocina tras las fiestas
- Irene Sánchez
- hace 2 días
- 2 Min. de lectura

Hay un instante muy reconocible justo después de las fiestas. Abres la nevera con cierta esperanza y un punto de miedo. Dentro conviven restos de celebraciones pasadas: medias botellas, quesos empezados, dulces que ya no apetecen tanto y algún tupper de origen incierto. No está mal, pero tampoco inspira. La cocina parece haber estado de guardia durante semanas y ahora pide una tregua.
El cansancio no es solo físico, es cansancio culinario. Hemos comido mucho, a menudo y sin pensar demasiado. Entre comidas fuera, encargos y platos festivos, cocinar quedó en segundo plano. Y, sin embargo, aparece una sensación clara: ganas de volver a comer bien. No ligero, no “correcto”, sino bien de verdad. Con sabor, con ritmo, con platos que reconcilien.
Aquí es donde entra el checklist foodie: no como lista de deberes ni como propósito heroico, sino como un pequeño ritual de regreso. Una forma amable de volver al fuego sin culpa, sin detox y sin dramatismos. Cocinar otra vez, sí, pero desde el disfrute y el sentido común.
El primer paso suele ser mirar lo que hay. Revisar despensa y nevera con cariño y criterio: agrupar, tirar lo que ya no sirve, redescubrir lo que estaba olvidado. Ese gesto —sencillo y poco épico— ordena más la cabeza que la estantería. Una limpieza breve, sin maratones, termina de despejar el terreno: diez minutos bastan para que la cocina vuelva a invitar a quedarse.
Después llega el reencuentro con los básicos que sostienen semanas enteras. Caldos, legumbres, verduras, huevos, arroz, pasta corta y un aceite bueno. No es nostalgia, es estrategia. Con estos ingredientes, la improvisación vuelve a ser posible y la cocina deja de depender de recetas complicadas o compras impulsivas.
Planificar ayuda, pero solo si se hace con flexibilidad. Pensar en dos o tres platos base que den juego durante varios días reduce el ruido mental. Una olla de lentejas que hoy reconforta y mañana se transforma, un pollo asado que acaba siendo caldo o croquetas, una crema que funciona de cena ligera y de primer plato. Cocinar para varios días no es aburrido: es descanso.
En esa vuelta, siempre conviene apoyarse en recetas comodín. Cremas suaves, arroces caldosos, guisos ligeros, ensaladas templadas. Platos que no exigen aplauso pero nunca fallan. A la vez, volver al mercado sin lista cerrada ayuda a reconectar con el producto fresco y de temporada: dejar que unas alcachofas o unas naranjas decidan el menú es una forma muy sensata de volver a disfrutar.
Por último, están los rituales y los pequeños placeres. Cocinar con música, preparar una mise en place sencilla, darse tiempo real sin pantallas. Permitirse pequeños placeres bien elegidos —un buen queso, un vino honesto, un postre sencillo— recuerda que el placer no se elimina, se afina. Incluso cocinar algo solo para hoy puede ser el gesto que lo reactive todo.
Volver a la cocina tras las fiestas no va de compensar excesos, sino de resetear desde el gusto. Cuando se cocina con intención y sin culpa, el placer vuelve solo.





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